Columna

Otras rayas más al tigre - Editorial


Muchos han sido los nombres que se han perdido en el diario devenir de la existencia, y tan pocos los hombres que han logrado trascender a través de ella.

La vida, a pesar de lo calificada según las circunstancias de cada cual, siempre da las oportunidades de acción en los tiempos precisos, nada antes, nada después, todo en el momento indicado, y aun así, se le ignora y entierra por un ego desmedido y una soberbia que será al final de los caminos, el más grande verdugo para con la trascendencia.

Benito Juárez García en una de las muchas frases célebres que dejó como enseñanza estableció que: “No deshonra a un hombre equivocarse, lo que deshonra es la perseverancia en el error”. ¡Ese es el punto preciso para iniciar el proceso de maduración que lleve a la adquisición de experiencia y a la integración personal de la sabiduría!; sin embargo, el egocentrismo tristemente se convierte en el único operador de la nula inteligencia al no dar paso a la prudencia, al respeto, a la tolerancia, a la paciencia y al compromiso colectivo de dar, de servir, de hacer, de proponer y de integrarse en la acción, como uno más para la construcción de una verdadera convivencia social en la confianza y el respeto. Del mismo hombre surge otra gran frase que espina la panza y da dolores de cabeza cuando se aplica y se señalan los desatinos, sintiéndose agredidos en su orgullo desmedido, inflado con gas helio, para no ser alcanzados jamás: “No reconozco fuente de poder más pura que la opinión pública”, y cuando así se hace se les revienta la bilis y se ponen los hábitos de la Madre Teresa de Calcuta, disfrazando al tigre que solo busca tatuarse más rayas para su codiciada piel a través de la sangre indeleble de un pueblo noble y trabajador.

En el largo Rosario de Amozoc, están todo tipo de promesas incumplidas, faltas de respeto a los verdaderos medios de comunicación, que como ellos, se deben a la sociedad que exige siempre verdad y no circos o noticias amarillistas que los sigan hundiendo en la ignorancia y en la mediocridad, exhibición de cambios inmediatos teniendo como base la ostentación y la burla hacia la sociedad que les dio la confianza para su economía personal que cambió los frijoles en manjares europeos, que es lo mismo que comían en el mercado, pero con nombres sofisticados y costos elevados. ¡Muchas rayas más al tigre que al fin el pueblo aguanta hasta convertirlo en pantera! ¡El pueblo se sigue alimentando de sonrisas y palabras huecas tan solo cuando se necesita de él! ¡Bienvenidos todos los desconocidos del mundo que llegan a ponerse la piel para buscar con afán más rayas que sigan inflando su ego sin medida!

Juan Jacobo Rousseau escribió en algún momento: “no conozco mayor enemigo del hombre que el que simula ser amigo de todo el mundo”. No es pedir que sean felices, sino confíar en que la inteligencia, la razón y la determinación los haga construir a diario su felicidad.